El país avanza en la transición energética con el desarrollo de las energías renovables no convencionales. Viene una nueva subasta, pero hay que agilizar los procesos para que los proyectos no se frenen.

El mundo está en un proceso de transición energética. Mientras la discusión sobre hasta cuándo recursos como el petróleo y el carbón mantendrán su vigencia en la canasta y oferta para generación de energía, la agenda avanza y ya priorizó el desarrollo de energías renovables no convencionales, de nuevas tecnologías y de la eficiencia energética.

Tecnologías que hace unos años no eran viables por sus costos –como la eólica o la solar–, o que apenas se consideraban en planes piloto, ya empiezan a mostrar una mayor participación en la matriz energética del futuro para reducir emisiones y avanzar en el proceso de descarbonización. Colombia ha dado un salto gracias a su gran potencial de recursos: tiene agua, que le ha permitido convertirse en uno de los países con una generación más limpia y además cuenta con zonas como La Guajira, que es uno de los cinco lugares más atractivos para producción de energía eólica en el planeta y registra una radiación solar más alta que el promedio mundial.

En 2019, el Gobierno adelantó una subasta de energías renovables no convencionales –particularmente proyectos eólicos y solares– que le permitirán al país pasar de menos de 50 megavatios de capacidad instalada en 2018 a más de 2.800 megavatios para finales de 2022, lo que representará 12 por ciento de la matriz energética.

De acuerdo con información del Ministerio de Minasavanzan 14 proyectos eólicos y solares que recibieron asignaciones en las subastas de cargo por confiabilidad y de contratos de largo plazo, y representarán inversiones por más de 7 billones de pesos y más de 6.000 empleos.

Ver Portafolio